Daniel Paradiso empezó en 1978 con máquinas usadas y un local improvisado, en Victoria. Décadas después, Helados Daniel produce más de 2 millones de kilos anuales de helado y tiene su planta de producción en Garín.
Durante seis años, Daniel Paradiso pasó los veranos fabricando helado en una heladería de barrio y el resto del año cursando la secundaria para recibirse de técnico electrónico. Mientras estudiaba, también trabajaba como electricista.No imaginaba todavía que terminaría construyendo una de las cadenas de heladerías más reconocidas del AMBA, aunque tenía claro algo más básico: quería trabajar de forma independiente.
En octubre de 1978, a los 19 años, abrió su primera heladería. No fue en una avenida comercial ni en un local vidriado. Fue en el garage de una casa de la localidad bonaerense de Victoria, sobre la calle Palacios, porque era el único alquiler que podía pagar. “Pensábamos pagar el derecho de piso y luego irnos a un lugar más importante, pero fue un éxito desde el primer momento”, contó a TN.
Casi cinco décadas después, Helados Daniel tiene 92 franquicias concentradas en Capital Federal y el conurbano bonaerense. Produce 2 millones de kilos anuales de helado, en una planta de 2600 metros cuadrados en Garín. La operación diaria quedó en manos de sus hijas, María Sol y Florencia, junto a su yerno Javier Giunta. Paradiso sigue participando desde la dirección y en reuniones semanales donde revisan “los números grandes”.
Un garage, máquinas usadas y cuatro Fiat 600
El inicio del negocio estuvo lejos de cualquier esquema profesionalizado. Paradiso equipara lo que invirtió con el valor de cuatro Fiat 600 usados para comprar máquinas y conservadoras antiguas. “No había para más”, resumió.
El oficio lo aprendió primero en la práctica y después en cursos y capacitaciones. “En la otra heladería había aprendido el trabajo mecánico, pero el oficio real lo aprendí estando al frente, haciendo cursos y contactando proveedores en una época donde no había Internet”, recordó.
El impulso inicial llegó también de quien había sido su jefe. Fue él quien le sugirió abrir una heladería propia, lo ayudó a conseguir las primeras máquinas y le ofreció mercadería para que pudiera concentrar el dinero en conseguir el local.
La formación técnica terminó siendo otra herramienta importante. “Haber estudiado en una escuela industrial me dio conocimientos en química y física que me sirvieron mucho para el trabajo práctico”, explicó.

Ese primer garage terminó transformándose en un local comercial. Con el tiempo, alquiló el garage de al lado, compró la propiedad y luego mudó el local a una avenida. En 1985 abrió la primera sucursal en La Horqueta para que su hermana, que era parte del equipo, se hiciera cargo. El local todavía funciona.
El nacimiento del súper dulce de leche
A comienzos de los años 90, la búsqueda de diferenciación pasaba por crear sabores nuevos. Fue en ese contexto que Helados Daniel lanzó el súper dulce de leche en el verano 1991-1992.
“En esa época, la manera de diferenciarnos era innovar en sabores, algo que no era tan normal en los años 90”, recordó Paradiso.
La marca también desarrolló otros productos que luego se expandieron en el mercado, como el alfajor helado, el bombón suizo y la crema moka con almendras.Algunos fueron adaptándose con el tiempo. La crema moka, por ejemplo, hoy se comercializa como cappuccino al caramelo para acercarse a consumidores más jóvenes.
La expansión de la empresa llegó varios años después de aquellos primeros pasos. Hoy la firma funciona bajo un esquema de franquicias y concentra su presencia en el AMBA, aunque analiza crecer hacia el interior bonaerense y provincias cercanas.
El recambio generacional y el desafío de sostener las ventas

Hace tres años, Paradiso dejó la gerencia operativa. La conducción quedó en manos de sus hijas y de Giunta, que hoy está a cargo de la producción. “Javier hoy maneja la planta y se ha actualizado tanto que ahora me enseña a mí”, señaló con orgullo.
Además de la red de franquicias, la familia tiene cinco heladerías propias que funcionan como laboratorio comercial. Allí prueban promociones y lanzamientos antes de extenderlos al resto de los locales.
La planta de Garín fue inaugurada hace 10 años, cuando la expansión del negocio dejó chica la estructura madre. “En la zona urbana original ya no podíamos crecer”, explicó. El predio incluye un departamento de desarrollo donde el equipo trabaja sobre nuevas recetas y mejoras de producto.
El contexto actual, sin embargo, también impacta en el consumo. Paradiso reconoció que desde enero registran “una pequeña caída de ventas”, después de haber cerrado un buen 2025. “El objetivo es surfear la situación actual y que las franquicias tengan salud”, afirmó.
En el negocio del helado, además, la estacionalidad sigue siendo determinante.Dos terceras partes de la facturación anual se concentran entre octubre y marzo. El tercio restante corresponde al invierno, un período que históricamente era mucho más flojo para el sector.
“Antes las heladerías cerraban en invierno, pero hoy la gente se acostumbró a consumir todo el año”, explicó. Primero fue el delivery telefónico en los años 90 y ahora las aplicaciones las que ayudan a sostener el consumo fuera de temporada.
Un nombre propio como marca
La empresa lleva el nombre de su fundador. Paradiso tomó la idea de la heladería donde había trabajado de adolescente, que también llevaba el nombre de su dueño.
“Al principio criticaron el nombre por no ser marketinero”, recordó. Con el tiempo, esa decisión terminó funcionando como una distinción de cercanía. “Hoy marca que hay un responsable real y humano detrás de la empresa”, sostuvo.
Después de atravesar crisis como la hiperinflación de 1989, el 2001 o la crisis internacional de 2008, Paradiso todavía conserva una mirada ligada al oficio y al trabajo cotidiano.


