Tras una inflación semestral del 15,1%, el Gobierno actualizó los valores del Monotributo y el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias. El objetivo es evitar que la suba de precios afecte desproporcionadamente a quienes trabajan en blanco. Aunque el alivio es parcial, busca evitar saltos de categoría y mayor presión fiscal.
La inflación acumulada en el primer semestre activó una actualización clave: suben las escalas del monotributo y el mínimo de Ganancias. La medida apunta a proteger a trabajadores y monotributistas del impacto fiscal por la pérdida de poder adquisitivo.
Con la inflación del 15,1% en el semestre, se actualizan los topes del Monotributo y el piso de Ganancias para aliviar la carga impositiva.
La inflación acumulada en el primer semestre del año fue del 15,1%. Este dato no solo refleja la pérdida de poder adquisitivo, sino que también obliga al Estado a revisar los parámetros fiscales. Por eso, desde julio, se actualizan los valores del Monotributo y del Impuesto a las Ganancias, con el objetivo de evitar que la inflación empuje a los contribuyentes hacia una mayor carga impositiva.
En el caso del Monotributo, se incrementaron los topes de facturación de cada categoría en un 15,1%, alineándose con el índice de precios al consumidor (IPC). Esto implica que los pequeños contribuyentes podrán facturar un poco más sin cambiar de categoría ni quedar excluidos del régimen. También se ajustaron los importes mensuales a pagar, aunque el aumento no es uniforme para todos. Por ejemplo, un monotributista de la categoría C pasará de pagar $12.128 a cerca de $13.960.
Impuestos bajo presión: el ajuste del Monotributo y Ganancias por inflación
Por el lado del Impuesto a las Ganancias, el mínimo no imponible se elevó a $1.800.000 brutos mensuales. Esto significa que los trabajadores en relación de dependencia que ganen menos de ese monto no tributarán Ganancias. Además, se ajustaron las deducciones y escalas, buscando evitar que quienes reciben aumentos por paritarias terminen perdiendo con el fisco.
La actualización, aunque parcial, busca preservar el equilibrio entre recaudación y justicia tributaria. En un contexto de alta inflación, no ajustar estos parámetros implica una suba automática de la presión fiscal. El fenómeno se conoce como “impuesto inflacionario encubierto”, y perjudica sobre todo a quienes están en blanco.
Sin embargo, muchos economistas advierten que los ajustes deberían ser más frecuentes y automáticos, no semestrales. De lo contrario, los contribuyentes siguen quedando desfasados frente a la velocidad real de los precios.



