La volatilidad en el mercado energético, al ritmo del conflicto en Medio Oriente, frenó la reducción esperada en los combustibles y complicó la estrategia oficial para reforzar la desaceleración del IPC.
El Gobierno reconoce que la guerra en Medio Oriente y las decisiones de la Reserva Federal son condiciones internacionales que pueden alterar sus planes y generar un impacto en la inflación.
Una de las razones centrales por las que el oficialismo quiere eliminar las PASO es evitar una repetición del escenario de 2019, cuando la derrota de Mauricio Macri en las primarias provocó una fuerte presión financiera y cambiaria antes de la elección general.
En la Rosada creen que una elección primaria desfavorable puede funcionar como una señal anticipada para los mercados y condicionar la economía durante la campaña. La apuesta es llegar directamente a las generales con una oferta electoral ordenada, acuerdos provinciales y variables financieras que no queden expuestas a una primera votación nacional.
El Gobierno tiene diferencias internas sobre la trayectoria cambiaria. Varios integrantes del Gabinete se entusiasman con llegar a 2027 en valores similares a los actuales y sin que el dólar supere los $1600.
Mientras otros funcionarios son más escépticos por el impacto que pueden tener el contexto global, las tasas estadounidenses y el precio de la energía.

El Ejecutivo fundamenta su proyección en la política monetaria y fiscal. “No emitimos de más, no hicimos plan platita y la demanda de dinero viene bien. No tiene por qué subir el dólar”, expresan en despachos oficiales. La lectura es más optimista que la del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, que ubicó la mediana para diciembre en $1673 y el promedio de los diez mejores pronosticadores en $1621.
La Casa Rosada monitorea especialmente la política de la Reserva Federal (FED). El organismo mantuvo en junio la tasa de referencia en un rango de entre 3,5% y 3,75%, pero sus últimos documentos reconocen presiones inflacionarias vinculadas con la energía y muestran un sendero esperado de tasas más alto que el proyectado meses atrás. La próxima reunión está prevista para el 28 y 29 de julio.
En Balcarce 50 advierten que un endurecimiento monetario en Estados Unidos puede fortalecer al dólar a nivel global, aumentar los rendimientos de los bonos norteamericanos y reducir el flujo de capitales hacia mercados emergentes. “Significa menos dólares para la Argentina, siempre”, resumen en el oficialismo.
En Nación recuerdan que el movimiento inverso benefició en otras oportunidades a los activos argentinos: cuando el dólar perdió fuerza en el mundo y bajaron las expectativas de tasas estadounidenses, subieron los bonos locales y retrocedió el riesgo país. Economía sigue esa relación por su impacto sobre el acceso al financiamiento, la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria.
El Gobierno monitorea además los vaivenes la guerra en Medio Oriente y el impacto en el petróleo. El barril de Brent para entrega en septiembre cerró este lunes en torno a US$85, luego de haber operado entre jueves y viernes a más de US$100.

Es que el Ejecutivo proyectaba una reducción de entre el 10% y el 15% en el precio de la nafta para principios de agosto. En la mesa chica consideraban que una baja de esa magnitud podía funcionar como un eje sobre el resto de los precios y ayudar a acercar el IPC de septiembre quebrara la barrera del 1%.
La Casa Rosada no descarta todavía una reducción de los combustibles, pero admite que puede ser de una magnitud menor. La definición dependerá de la evolución del crudo, de los costos de importación, del tipo de cambio y de la política comercial que adopten las petroleras durante las próximas semanas.
En Balcarce 50 le bajan igualmente el tono al riesgo de una escalada prolongada en el conflicto. El cálculo oficial es que Trump no puede llegar a las elecciones legislativas con una guerra extensa y con la nafta estadounidense presionada por el petróleo en torno de los US$100. “Va a tener que desarmar antes. No vemos un problema”, expresan en Nación.
El Gobierno pretende llevar la inflación mensual desde el 1,9% registrado en junio hacia niveles inferiores al 1% durante los próximos meses. El último dato oficial mostró además una inflación núcleo del 1,6%, aunque los regulados aumentaron 2,3% y vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 3,3%.
El Ejecutivo incorpora esas proyecciones a su estrategia electoral. Integrantes de la mesa chica creen que pueden llegar a los comicios de 2027 con una inflación mensual cercana al 0,5% y un dólar sin saltos, para exhibir ambos resultados como banderas de campaña. Remarcan también como un punto a favor la presentación del plan de pagos de deuda para 2026 y 2027.


