Un estudio privado anticipa que el aumento de retenciones previsto para julio podría reducir en un 12% la rentabilidad del sector agropecuario. El impacto afectaría principalmente a los productores exportadores, y vuelve a poner sobre la mesa el debate entre presión fiscal, competitividad y sostenibilidad del campo argentino.
La suba de retenciones al agro prevista para julio no pasará desapercibida. Según un estudio privado, los márgenes de rentabilidad del campo caerían un 12%. Menos ingresos, más presión fiscal y un nuevo desafío para un sector clave de la economía argentina.
El aumento de retenciones previsto para julio podría achicar los márgenes del agro en un 12%, afectando la rentabilidad de productores que ya operan con costos ajustados
El sector agropecuario vuelve a estar en la mira: un informe privado anticipa que la suba de retenciones prevista para julio provocará una caída del 12% en la rentabilidad del campo. El dato prende luces amarillas en un contexto donde los productores ya vienen enfrentando inflación, costos crecientes y clima impredecible.
Las cuentas no cierran
Las retenciones —ese impuesto a las exportaciones— son un viejo conocido en el agro. Cada vez que suben, los márgenes se achican. Y esta vez no es la excepción. El estudio muestra cómo el nuevo esquema fiscal impactaría directamente sobre los ingresos netos del productor, especialmente en cultivos como soja, maíz y trigo, que son clave en la balanza comercial argentina.
¿El problema? Menos rentabilidad significa menos inversión, menos tecnología aplicada y menor capacidad para sostener la producción. Esto no solo afecta al productor, sino a toda la cadena: transporte, industria, empleo rural y exportaciones.
Desde el gobierno se sostiene que es una medida transitoria para equilibrar cuentas fiscales. Pero en el campo se siente como un castigo a quienes generan divisas, empleo y valor agregado. “Otra vez nos piden esfuerzo, pero no vemos señales de previsibilidad”, señalan desde entidades del sector.
En un país donde el agro representa casi el 70% de las exportaciones, este tipo de medidas generan ruido. El desafío es encontrar un equilibrio entre recaudación y competitividad. Porque si la rentabilidad se evapora, el riesgo es que la producción también lo haga.



