El precio internacional del crudo pasó de US$68 a US$100 en un mes, pero la nafta y el gasoil subieron solo 9% en la Argentina; las refinadoras están operando a pérdida y el estrecho de Ormuz se mantiene casi cerrado.
Dos semanas después del estallido de la guerra en Medio Oriente, ninguna señal en el horizonte sugiere que el conflicto aflojará pronto. El estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial, sigue prácticamente cerrado. El Brent, la cotización internacional de referencia en Argentina, se mantiene en torno a los US$100. Y en la Argentina, donde la nafta y el gasoil acumulan apenas un 9% de aumento mientras el crudo trepó más del 50%, la pregunta que la industria energética evitaba hacerse en voz alta empieza a volverse inevitable: ¿hasta cuándo puede YPF sostener esta brecha?
Desde hace dos semanas, cuando se aceleró la suba del crudo por la escalada de tensiones en Medio Oriente, las refinadoras venden nafta y gasoil por debajo de sus costos. Según fuentes del sector que hablaron en reserva, hoy compran el barril a por lo menos US$90 y lo venden a US$70. Las propias empresas admiten que operan a pérdida y señalan un atraso en los precios del 25%.
La explicación de ese desfasaje está en la política de precios vigente desde que el gobierno de Javier Milei liberó completamente el mercado de combustibles: el valor local del barril se fija por paridad de exportación —el Brent con un descuento del 8% por retenciones— menos cuatro dólares adicionales. Un mecanismo que funciona bien en tiempos de estabilidad, pero que se convierte en un torniquete cuando el crudo trepa a velocidad de crisis.
El mercado local de combustibles está dominado por cuatro grandes empresas: YPF concentra el 55% del despacho, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%). Dado el peso decisivo de la petrolera con control estatal, el resto de las compañías prefiere esperar a ver qué hace antes de actualizar sus propios precios. YPF, en consecuencia, no es solo una empresa: es el termómetro y el regulador informal del mercado.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, intentó esta semana calmar las aguas a través de las redes sociales: “Entiendo la incertidumbre que genera la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición. YPF no va a generar cimbronazos en los precios de los combustibles”. El mensaje fue leído en el sector como una promesa de corto plazo, no como una solución estructural.
Hay una señal de alarma adicional que los analistas monitorean de cerca: la brecha de precios entre el canal mayorista y el minorista. Hasta hace pocas semanas, comprar combustible en el segmento mayorista era un 15% más barato que en las estaciones de servicio. Hoy esa diferencia se redujo al 6%. Si el mayorista se vuelve más caro que el minorista, todo ese segmento puede volcar su demanda hacia las estaciones de servicio. El resultado podría ser desabastecimiento puntual, una película que la Argentina ya conoce.



