México rechazó los nuevos aranceles del 50% impuestos por EE.UU. a las importaciones de acero y aluminio. El canciller Marcelo Ebrard calificó la medida como “ineficaz e insostenible” y advirtió sobre sus impactos negativos. La tensión comercial crece y pone a prueba las relaciones bilaterales entre ambos países.
Con un fuerte mensaje diplomático, México se pronunció contra los aranceles que impuso EE.UU. bajo la administración de Donald Trump. La medida, que busca proteger la industria nacional estadounidense, fue calificada por el canciller Ebrard como injusta, ineficaz y perjudicial para ambos países. El conflicto reabre viejas tensiones en la relación bilateral.
Marcelo Ebrard, canciller de México, expresó el rechazo oficial a los nuevos aranceles de EE.UU., señalando sus efectos negativos sobre la economía y el comercio bilateral.
La reciente decisión de Estados Unidos de aplicar un arancel del 50% a las importaciones de acero y aluminio ha generado una ola de críticas a nivel internacional, y México no tardó en manifestar su oposición. El canciller mexicano Marcelo Ebrard calificó la medida como “ineficaz, insostenible y con muchos efectos negativos”, dejando en claro el rechazo oficial del gobierno.
Aranceles y represalias: Ebrard advierte sobre una escalada regional
Ebrard advirtió que estos nuevos aranceles no sólo afectan directamente a los productores mexicanos —grandes exportadores de estos metales a EE.UU.—, sino que también deterioran el clima de cooperación entre ambos países. En palabras del canciller, “la imposición de barreras comerciales unilaterales daña el equilibrio y la estabilidad regional”, y podría generar represalias.
Desde el gobierno de México se considera que la medida responde a un giro proteccionista de Washington que busca apuntalar la industria local a expensas de sus aliados comerciales. Sin embargo, Ebrard sostuvo que este tipo de decisiones no resuelven los problemas estructurales de la industria estadounidense, y por el contrario, podrían encarecer los insumos y afectar a los propios consumidores.
La reacción de México se suma a la preocupación de otros países exportadores, como Canadá, que también resultaron afectados. Mientras tanto, el Reino Unido fue exceptuado temporalmente, lo que deja entrever un uso selectivo de la política arancelaria como herramienta de presión en acuerdos bilaterales.
En este contexto, la relación comercial entre México y Estados Unidos enfrenta un nuevo punto de tensión. Si bien ambos países forman parte del T-MEC (el tratado comercial que reemplazó al NAFTA), las medidas unilaterales como estas van en contra del espíritu de cooperación y libre comercio que se buscó consolidar con dicho acuerdo.
El gobierno mexicano evalúa ahora posibles acciones diplomáticas y comerciales para contrarrestar el impacto. Sin embargo, la incertidumbre reina: estas tensiones podrían derivar en una escalada de medidas y contramedidas, afectando no solo al comercio bilateral sino también al clima de negocios en la región.



