Durante el último año, la morosidad en el financiamiento con tarjetas de crédito se duplicó. Este fenómeno refleja el impacto de la inflación, la caída del poder adquisitivo y el uso del crédito como vía de supervivencia. El escenario obliga a repensar cómo se financia el consumo en un contexto de tasas elevadas y salarios que no acompañan.
El crecimiento del endeudamiento con tarjetas de crédito expone una fragilidad creciente en el consumo argentino. En solo un año, el porcentaje de personas con pagos atrasados se duplicó. ¿Qué revela este fenómeno y por qué debería preocuparnos?
En un contexto de inflación persistente y salarios rezagados, las tarjetas de crédito pasaron de ser aliadas del consumo a convertirse en trampas de deuda para miles de argentinos.
El financiamiento con tarjetas de crédito, durante mucho tiempo una herramienta útil para acceder a bienes y servicios, está atravesando una etapa crítica. En los últimos doce meses, la morosidad en este tipo de financiamiento se duplicó, encendiendo señales de alerta tanto en el sistema financiero como en los hogares.
Las razones detrás de este aumento son múltiples, pero todas tienen un denominador común: la pérdida de poder adquisitivo. Con una inflación acumulada que erosiona mes a mes los ingresos y con tasas de interés que superan ampliamente el ritmo de ajuste salarial, muchos consumidores comenzaron a utilizar la tarjeta no como un medio de pago diferido, sino como una forma de financiamiento forzoso. Comprar en cuotas ya no es una opción cómoda, sino una necesidad para llegar a fin de mes.
A esto se suma la suba sostenida del costo financiero total (CFT). Pagar el mínimo de la tarjeta implica endeudarse a tasas que, en algunos casos, duplican la inflación. Y si a eso se le suma el retraso en los pagos, la bola de nieve crece rápido.
Tarjetas al límite: se duplicó morosidad en un año
El resultado es preocupante: cada vez más personas no pueden afrontar los vencimientos y caen en mora. Según los últimos datos del sistema financiero, la tasa de morosidad en tarjetas trepó al doble de lo que mostraba un año atrás. Este fenómeno no solo tensiona el equilibrio de las familias, sino que también pone en riesgo la calidad de la cartera crediticia de los bancos.
El panorama obliga a repensar el modelo de consumo basado en endeudamiento. La tarjeta de crédito, que durante años funcionó como motor del consumo interno, hoy parece ser más una señal del agotamiento financiero de los hogares. En este contexto, recuperar el poder de compra real será clave para evitar que la deuda siga creciendo.



