Con un dólar libre inquieto y sin cepo a la vista, el Gobierno apuesta a la receta clásica: restricción monetaria y tasas reales positivas. El objetivo es frenar la demanda de divisas sin intervenir directamente. ¿Funciona? ¿Es sostenible? En este análisis, repasamos los riesgos, las señales del mercado y el desafío de mantener la calma cambiaria.
El equipo económico busca calmar al dólar sin vender reservas: liquidez limitada y tasas más altas son las cartas que juega. ¿Es suficiente para estabilizar el mercado?
La estrategia oficial se centra en enfriar la economía para contener al dólar sin intervención directa.
El Gobierno argentino está transitando una etapa clave. Con el fin del cepo en el horizonte pero sin fecha concreta, todas las miradas están puestas en cómo se comporta el dólar. Frente a un contexto de expectativas elevadas y presión devaluatoria, el equipo económico se inclina por una estrategia ya conocida: tasas reales positivas y fuerte restricción monetaria.
Tasas altas y cinturón ajustado: el plan oficial para calmar al dólar
¿En qué consiste esta fórmula? Básicamente, en subir las tasas de interés para que mantenerse en pesos sea más atractivo que dolarizarse. En paralelo, se limita al máximo la emisión monetaria, buscando reducir la cantidad de pesos circulando. Menos pesos, menos presión sobre el tipo de cambio.
En teoría suena lógico. En la práctica, la situación es más delicada. Por un lado, el nivel de actividad está frenado. Sumarle una política contractiva puede agudizar la recesión. Por otro lado, si bien el BCRA logra mantener cierta estabilidad en el mercado cambiario, lo hace sin intervenir fuertemente con reservas, lo cual tiene mérito, pero también genera dudas sobre la sostenibilidad del esquema.
El riesgo es claro: si las expectativas se desanclan o si la inflación no cede lo suficiente, las tasas altas podrían dejar de ser efectivas. A eso se suma el desafío de seguir absorbiendo pesos sin afectar aún más al consumo o al crédito.
El mercado, mientras tanto, observa y descuenta. Los futuros del dólar siguen contenidos, pero atentos. El riesgo país se mantiene alto y los inversores no sueltan sus coberturas. A corto plazo, la estrategia puede dar resultados. A mediano, necesitará apoyo político, credibilidad y señales más claras.
Domar al dólar sin vender reservas es ambicioso. Apostar a las tasas como ancla tiene límites. El equilibrio es frágil, y el margen de error, muy chico.



