En plena flotación cambiaria, el Banco Central busca reforzar las reservas internacionales con compras diarias de dólares, acuerdos de recompra y control del gasto. La estabilidad depende ahora de una nueva ingeniería monetaria. ¿Cuál es el plan y qué riesgos enfrenta? Te lo explicamos claro y simple
Con el fin del cepo y el dólar flotando, el Banco Central se enfrenta a un nuevo desafío: cuidar la estabilidad y fortalecer las reservas sin intervenir de forma directa. Compras diarias, control fiscal y acuerdos financieros forman parte de una estrategia silenciosa pero clave.
En la era post-cepo, el Banco Central cambia de estrategia: menos controles, más acumulación de reservas y mirada atenta al mercado.
El dólar flota, pero el Banco Central no se relaja. Con el fin de las restricciones cambiarias, la autoridad monetaria enfrenta un nuevo juego: mantener el equilibrio del tipo de cambio sin perder reservas.
Cómo lo hace?
Con una combinación de compras, acuerdos financieros y disciplina monetaria.
Desde el inicio de la flotación, el BCRA logró comprar dólares casi todos los días. Lo hace sin intervenir directamente en el precio, aprovechando momentos de mayor oferta en el mercado. A esto se suman mecanismos indirectos: menores pagos de importaciones, mejora en el saldo comercial y financiamiento externo.
Un dato clave: el superávit fiscal colabora. Al no tener que emitir para cubrir el déficit, el BCRA evita presiones inflacionarias y puede concentrarse en fortalecer su balance. Este “combo” permite que el tipo de cambio se mueva libremente, pero dentro de una lógica contenida.
Otro recurso que se activa son los acuerdos de recompra de deuda o préstamos contingentes. Estos instrumentos permiten sumar divisas al stock de reservas sin tener que acudir a los mercados internacionales en condiciones adversas.
Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. Una caída en la liquidación de exportaciones o una presión externa inesperada podrían volver a tensar el frente cambiario. La clave está en sostener la confianza, mantener el orden fiscal y evitar shocks políticos o económicos.
En resumen, el Banco Central juega un partido silencioso, pero vital. En la nueva normalidad del dólar flotante, acumular reservas es su escudo. Y cada movimiento cuenta.



