La pyme de Mario y Mariano Remondino produce más de 200.000 equipos al año entre salamandras, hornos y parrillas. Se transformó en una marca con presencia en 17 países, la Antártida y las Islas Malvinas.
Las parrillas que cocinaron el primer asado de la Selección argentina en Kansas City salieron de una planta industrial de Moreno, pero la historia que las hizo posibles empezó mucho antes, en el balcón de un departamento de Villa Devoto donde un joven recién egresado del secundario soldaba candelabros y hacía trabajos de herrería para ganarse la vida.
Detrás de esas parrillas está Tromen, una pyme argentina que nació en 1978 de la mano de Mario Remondino y que casi medio siglo después logró colocar sus productos en uno de los espacios más simbólicos para cualquier marca argentina. La imagen de esas estructuras metálicas durante la preparación del asado que compartieron Lionel Messi y sus compañeros de la Selección, posteada por Emiliano “El Dibu” Martínez en sus redes sociales, multiplicó la exposición de una empresa que construyó su crecimiento paso a paso.
Las parrillas llegaron a Estados Unidos después de un trabajo que comenzó en abril. Fueron diseñadas especialmente para la delegación argentina; enviadas por avión hasta Miami, donde fueron armadas por integrantes de la propia compañía, y transportadas vía terrestre hasta Kansas City. “Es un orgullo haber llegado al búnker de la Selección y que todo el equipo campeón del mundo esté cocinando con nuestras parrillas”, contó a TN Facundo Cáceres, uno de los responsables del desarrollo de Tromen.
El logro también tuvo un componente personal. Fanático del fútbol, Cáceres reconoció que arrastraba una frustración desde Qatar 2022, cuando no logró concretar una oportunidad similar. Esta vez insistió durante meses hasta conseguir que la AFA eligiera a la empresa para fabricar un producto hecho a medida. “Recibimos un ‘no’, pero no lo aceptamos y seguimos adelante hasta lograrlo”, resumió Cáceres, una frase de lucha que se repite entre miles de emprendedores argentinos.
Una oportunidad en medio de la crisis
La presencia en el Mundial es apenas el último capítulo de una historia empresaria que encontró su punto de quiebre durante la crisis de 2001. Hasta entonces, la firma trabajaba principalmente en herrería de obra vinculada a la construcción, pero la caída de la actividad producto de la recesión obligó a buscar alternativas para sostener la producción.
Cáceres recordó que la idea de un cambio surgió mientras miraba una salamandra importada en la casa de un cliente. La analizaron, estudiaron su fabricación y concluyeron que podían producir una versión nacional. Esa decisión terminó redefiniendo el futuro de la empresa.
El primer año fabricaron apenas 40 salamandras. El propio Cáceres las cargaba en su auto para visitar comercios y ofrecer un producto que todavía no tenía trayectoria en el mercado. Con el tiempo incorporaron hornos y parrillas a la producción, hasta que en 2015 dejaron definitivamente la herrería de obra para dedicarse exclusivamente a la marca.
Del mercado local a los lugares más remotos
Hoy Tromen produce entre 9000 y 10.000 equipos por mes en una planta industrial de 14.000 m², en la localidad bonaerense de Moreno, donde trabajan más de 200 personas. La red comercial supera los 3000 puntos de venta y la compañía tiene presencia en 17 países.
El recorrido exportador también estuvo acompañado por una búsqueda de visibilidad en lugares emblemáticos. Sus salamandras funcionan en las bases argentinas de la Antártida; la empresa participó junto al buque Almirante Irízar de un asado realizado sobre un témpano de hielo y algunos de sus equipos llegaron incluso a las Islas Malvinas, instalados en la vivienda de un argentino que reside allí desde hace años.
Ese afán por asociar la marca con símbolos de identidad nacional también explica el nombre elegido para la compañía. Tromen remite a una zona de la Patagonia vinculada al volcán, al frío y al fuego, elementos que terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de la empresa.
Después de consolidar una red de clientes argentinos en el exterior, la firma descubrió que el mercado internacional iba mucho más allá de la nostalgia de quienes viven lejos del país. “De alguna manera estamos exportando cultura”, definió Cáceres.
La foto de la Selección alrededor de una parrilla en Kansas City fue, en ese sentido, la confirmación de que una idea nacida en un balcón de Devoto podía convertirse en una marca capaz de acompañar el asado —uno de los rituales más argentinos— en cualquier rincón del mundo.

