Empezaron con una prueba para cajas de comida, que fracasó; una inversión de US$5000 y las oficinas en el living de sus padres. Hoy desarrollan tecnología textil para uso diario e indumentaria de trabajo, y exportan a Chile.
Una caja de telgopor, un sistema de calor y la idea de mantener calientes los pedidos de comida fueron el punto de partida de una empresa que proyecta facturar US$1 millón este año. Las primeras pruebas no funcionaron, pero de ese fracaso nació WanderWarm, la única marca argentina de indumentaria calefaccionada, creada en Mendoza, por Kevin Schejter, Nicolás Molina y Matías Arias, y que pasó de operar desde el living de sus padres a tener planta propia, presencia en Chile y clientes corporativos de multinacionales.
Schejter estudiaba Ingeniería Industrial y Molina cursaba Administración de Empresas. Ninguno provenía de la industria textil ni imaginaba entonces que terminarían desarrollando una categoría inexistente en la Argentina.
“Empezamos en 2019 queriendo hacer algo. Habíamos conocido el sistema de calor y queríamos calefaccionar las cajas de pedidos de comida, pero no funcionó”, recordó Schejter en diálogo con TN.
El proyecto quedó en pausa hasta la pandemia. Con más tiempo para analizar alternativas, retomaron aquella tecnología y empezaron a preguntarse si podía aplicarse a prendas para enfrentar las bajas temperaturas. Poco después se sumó Arias y los tres avanzaron con el lanzamiento de un único producto, un chaleco calefaccionado.
Del living familiar a una empresa propia
El lanzamiento fue tan modesto como los US$5000 de inversión inicial. Los socios arrancaron con un único producto, un chaleco calefaccionado, y una estructura que hoy parece lejana. No tenían oficina, depósito ni personal. Las casas familiares concentraban toda la operación. “Era estresante porque nuestras familias estaban ahí y teníamos que atender a alguien en el living mientras mi mamá cocinaba”, recordó Schejter.
La primera temporada cerró con 200 unidades vendidas. Un año después agregaron nuevos colores al mismo producto y prepararon una producción de 500 chalecos para el Día del Padre. La respuesta del mercado superó todas las previsiones. El stock se agotó por completo durante junio de 2021 y entendieron que estaban frente a una oportunidad mucho más grande de la que habían imaginado.
Las prendas se confeccionan en talleres externos, pero el resto del proceso queda en manos de la empresa. En el inicio, ellos organizaban los insumos, realizaban controles de calidad, empaquetaban la mercadería y respondían consultas de clientes desde sus propias casas mientras terminaban la universidad. Como la mayoría de los emprendedores argentinos, reinvirtieron todo peso que ingresaba. “Los primeros dos años no tuvimos sueldo”, contó Schejter.
La estructura fue profesionalizándose a la par del crecimiento de las ventas. En 2022 alquilaron una oficina de 30 metros cuadrados. Poco después ocuparon una planta completa de casi 300 metros cuadrados. Actualmente cuentan con 13 empleados permanentes y alrededor de 50 personas que trabajan de manera indirecta a través de talleres y proveedores.
La apuesta por una tecnología sin antecedentes en la Argentina
La innovación no estuvo en inventar el sistema de calefacción, sino en adaptarlo al mercado local. La tecnología ya existía en otros países y la habían descubierto durante un programa de Work and Travel, en Estados Unidos. Lo que no existía era una empresa argentina dedicada a desarrollarla para prendas de uso cotidiano.
El sistema funciona mediante resistencias de carbono integradas en la ropa y alimentadas por baterías recargables similares a un power bank. Chalecos, camperas, medias, calzas y guantes, entre otros, pueden alcanzar temperaturas de 37, 45 o 55 grados, regulables según la necesidad del usuario, y se pueden lavar a mano.
Con el tiempo, la empresa amplió su catálogo y sumó productos para hombres y mujeres, baterías de marca propia y nuevas funciones que permiten calefaccionar distintas zonas del cuerpo de manera independiente.
Del consumo masivo a la ropa inteligente
El crecimiento abrió oportunidades que originalmente no estaban en los planes de los fundadores. Empresas de distintos sectores comenzaron a interesarse por la tecnología aplicada a la indumentaria y aparecieron nuevos proyectos vinculados al trabajo industrial.
Hoy WanderWarm vende productos a compañías como Coca-Cola, Mercedes-Benz, Ford y Monster. También desarrolla soluciones para minería y grandes plantas productivas donde las condiciones climáticas forman parte de los desafíos operativos.
La compañía trabaja además en prendas con chips NFC capaces de almacenar información médica relevante para emergencias en lugares donde no hay señal de celular, sistemas de geolocalización para optimizar procesos industriales y desarrollos orientados a quienes trabajan en ambientes de altas temperaturas.
El año pasado comenzaron a operar en Chile y sumaron un inversor que llegó a través de la red Endeavor. Ese respaldo permitió fortalecer la producción, desarrollar proveedores en China y acelerar nuevos lanzamientos tecnológicos.
A casi seis años del comienzo, Schejter todavía se sorprende cuando compara aquella etapa inicial con el presente. “Pasamos de no tener oficina y trabajar en la casa de nuestros papás a tener una oficina enorme, un montón de maquinarias, ser 13 personas en planta permanente y exportar”, resumió.
El objetivo ahora va más allá de vender más prendas. “Queremos cambiar la industria textil tecnológica, primero en la Argentina y luego en Sudamérica, para ser los referentes mundiales en el futuro; queremos ser la empresa que lidere ese nicho que hoy no existe”, afirmó.
La misma tecnología que no logró mantener caliente una caja de comida terminó convirtiéndose en el motor de WanderWarm, una empresa que busca crear una nueva categoría dentro de la industria textil.


