El nuevo secretario de Transporte asume con una agenda caliente: un paro en puerta, subsidios que superan los $87.000 millones por mes y una promesa de desregulación. En medio de tensiones con empresarios y gremios, el desafío es reordenar un sistema colapsado sin dejar a millones sin servicio.
Desregular, reducir subsidios y enfrentar un paro en puerta. Esa es la bienvenida que recibió el nuevo secretario de Transporte. Con más de $87.000 millones al mes en juego, el sistema está al borde del colapso, y las decisiones que se tomen en las próximas semanas marcarán el rumbo del sector.
Subsidios millonarios, choques con gremios y servicios en crisis: la agenda de transporte se volvió una bomba política y económica
El nuevo secretario de Transporte asumió su cargo con un panorama más que complejo. Enfrenta tres frentes al mismo tiempo: un paro de choferes amenazan con paralizar el país, una carga fiscal insostenible de subsidios al transporte (que superan los $87.000 millones mensuales) y una hoja de ruta que incluye una fuerte desregulación del sector.
Sin margen para el error: el transporte en la cuerda floja
Los subsidios son el primer foco. Representan un costo altísimo para el Estado y, al mismo tiempo, son el único sostén de tarifas que no se actualizan a la par de la inflación. Sin subsidios, el boleto de colectivo en AMBA podría multiplicarse por cinco o más. Pero mantenerlos al nivel actual tampoco es viable.
La desregulación aparece como una solución de fondo. La idea oficial: liberalizar recorridos, abrir el juego a nuevos actores, reducir barreras legales y “competir por calidad y precio”. Suena bien en teoría, pero la experiencia indica que una liberalización mal gestionada puede derivar en caos: servicios descoordinados, áreas desatendidas y subas tarifarias sin control.
El tercer frente es político. Los gremios del transporte están en pie de guerra. La amenaza de paro no es menor. Las últimas negociaciones paritarias quedaron por detrás de la inflación y los reclamos apuntan también a las condiciones laborales y la falta de inversiones en infraestructura.
El nuevo secretario tiene poco margen para el error. Cualquier movimiento afecta a millones de personas que dependen del transporte público a diario. En el AMBA, más del 70% de los trabajadores usan colectivos y trenes para ir a sus empleos. Cada medida que se tome (o no se tome) tiene un impacto directo en la vida cotidiana.
En resumen: desregular sin planificación es peligroso, reducir subsidios sin una red de contención puede ser devastador, y subestimar el poder de los gremios sería un error político serio. El sistema de transporte necesita una reforma integral, pero también diálogo, tiempo y gradualismo. Lo que no tiene es margen para improvisar.



