Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street arrancan la jornada en rojo, arrastradas por el derrumbe global de los mercados. A esto se suma la presión sobre los bonos en dólares, que profundizan las caídas. Un contexto internacional hostil y dudas locales alimentan la desconfianza de los inversores.
El mundo financiero se sacude y Argentina no queda afuera. Las acciones locales que cotizan en Nueva York se desploman antes de la apertura, en sintonía con una ola de ventas global. La deuda en dólares también pierde valor, reflejando la incertidumbre de los mercados y el riesgo país en aumento.
Las acciones argentinas en Wall Street y los bonos en dólares arrancan el día en baja, golpeados por la tensión global y los temores locales
En los minutos previos a la apertura de los mercados, el panorama es sombrío para los activos argentinos. Las acciones locales que cotizan en Wall Street —conocidas como ADRs— muestran caídas pronunciadas, en línea con un derrumbe global que sacude a todos los mercados financieros.
Golpe doble: presión externa y desconfianza interna hunden acciones y bonos argentinos
El contexto internacional está marcado por tensiones geopolíticas, subas de tasas en economías centrales y malos datos económicos que encendieron las alarmas. En este marco, los inversores huyen de los activos de riesgo, y los países emergentes, como Argentina, sienten el golpe con más fuerza.
Las principales empresas argentinas en Wall Street —como YPF, Grupo Financiero Galicia y Banco Macro— arrancan con pérdidas que superan el 4%. Esto no solo refleja el clima global, sino también la desconfianza estructural que pesa sobre la economía argentina.
Pero no es solo el mercado accionario el que sufre. La deuda argentina en dólares también retrocede. Bonos como el AL30 o el GD30 cotizan a la baja, lo que implica una suba del riesgo país, ese termómetro que mide la percepción internacional sobre nuestra solvencia.
En este escenario, los inversores buscan refugio en activos más seguros, como el dólar y los bonos del Tesoro de EE.UU., dejando atrás mercados como el argentino, donde la falta de certezas económicas y políticas agrava el impacto.
¿Qué se puede esperar en el corto plazo? La volatilidad llegó para quedarse. Y si el escenario externo no mejora, los activos argentinos seguirán sintiendo la presión.
El derrumbe global dejó en claro que los inversores están en modo “riesgo off”. Y cuando eso pasa, los primeros en caer son los activos más frágiles. Argentina, una vez más, no logra escapar de esa lógica.



