El Presidente ofreció el histórico balcón para un eventual festejo, mientras el gobernador bonaerense apuesta por el estadio Diego Armando Maradona junto a Claudio Tapia. Detrás de esa pulseada asoman dos proyectos de poder que ya empiezan a proyectarse hacia las próximas presidenciales.
Lionel Messi y la Selección pasaron a ser el amuleto del que tironean Javier Milei y Axel Kicillof. Uno en busca de la reelección. El otro, para romper “la maldición de Rocha”: ningún gobernador bonaerense ocupó el sillón Rivadavia.
El Presidente apuró la propuesta para ofrecerle el balcón y la Plaza de Mayo al seleccionado argentino: “Puse la Casa Rosada a disposición y, cuando los jugadores vayan, para que no tengan interferencia política, ese día la vacío. Yo me quedaría en Olivos. Hasta convencería a mi hermana (Kari na) de que no vaya a trabajar”, dijo el Presidente después de la remontada histórica ante Egipto. ¿Sabía que Claudio “Chiqui” Tapia tiene otros planes?
El presidente de la AFA sueña con llevar a la Selección al Estadio Único de La Plata, concesión que logró por un acuerdo político con Kicillof. El viernes empezaron a poner el césped. Es la etapa final de la remodelación para acondicionar el “Diego Armando Maradona” como posible sede del Mundial 2030.
“Ya se cambió el campo de juego. Se pusieron las luminarias nuevas y se están arreglando los vestuarios y sectores de palcos”, dice a TN un ministro bonaerense que también sueña con ver a Messi en el estadio de la avenida 32. ¿Viene la Selección? “Veremos”, concede.
“Esa opción siempre estuvo en pie”, admiten en la AFA. Para Kicillof sería otra demarcación, por la desconexión del kirchnerismo con Messi. Una más y muy potente.
Máximo Kirchner ya hace campaña para la testimonial candidatura presidencial de Cristina Kirchner, con prisión domiciliaria.
“Los K buscan imponer al vice, Wado de Pedro o Sergio Uñac, generar la obvia impugnación por inhabilitación de CFK y además la división interna del espacio: obliga al resto a adherir o diferenciarse”, dicen en el peronismo bonaerense.
Sergio Massa espera, pero ya decidió: será candidato.

Con el hilo “Chiqui” Tapia, Kicillof armó una defensa. Los intendentes del “grupo AFA” Federico Achával (Pilar), Federico Otermín (Lomas de Zamora), Gastón Granados (Ezeiza) y Nicolás Mantegazza (San Vicente), entre otros, están más cerca del Gobernador.
Las cuevas
Ante Milei, todo el gabinete y la omnipresente ausencia de Manuel Adorni, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió terminar con las “cuevas de corrupción” y llamó a construir una patria “honesta”. Usó la palabra “cuevas”. “El Oso” y “La Osa” era el apodo marital que usaban Elías Piccirillo y Jesica Cirio. El empresario también era conocido como El rey del dólar blue, ahora investigado por la Justicia.
En la homilía, García Cuerva apeló a la figura de Messi: “El grupo está por encima de las individualidades y la fuerza de todos peleando por un mismo sueño”.
La scalonización de Milei. Hace un año, le retiró el saludo a Jorge Macri en la Catedral Metropolitana. Ahora repartió bendiciones y sonrisas al jefe de Gobierno porteño, acompañado por su mujer Belén Ludueña y su bebé Vito. Hasta convivió en paz con Victoria Villaruel en el metro cuadrado que compartieron frente a la Casita de Tucumán.

El operativo reelección de Milei
La obsesión presidencial es la reelección. Karina Milei, la Hermana de Hierro, procura la forma: evitar que el peronismo ordene la interna en una PASO y sumar colectoras para que los gobernadores tributen a la candidatura de Milei.
“Hay que terminar el diseño”, dice un libertario que sabe de la objeción interna a un modelo que la propia LLA rechazó en el interior. Acá anticipamos el domingo último el reparo de Patricia Bullrich. Los moderados creen que el Senado podría tratarlas en agosto o septiembre. Es el traje a medida de Milei.
Para el blindaje financiero, Luis “Toto” Caputo presentó el plan para pagar la deuda de 2027. En X, el caputista Agustín Romo puso el dedo en la interna peronista: “Desde diciembre 2023, ya llevamos pagados más de U$S 26.000 millones. No hay ni un solo sector de la oposición que proponga seguir con esta responsabilidad fundamental para el crecimiento de nuestra gran nación”. Máximo Kirchner ya habla de reestructurar la deuda externa.
El ministro de Economía ve una elección y llora. Cerca de Santiago Caputo, recuerdan con una anécdota el salvataje a última hora que significó el tuit de Scott Bessent en la primavera de 2025, con el posterior desembolso de 20 mil millones de dólares para estabilizar los mercados después del triunfo peronista en la provincia de Buenos Aires. “Toto llamaba desesperado y no le atendían los llamados. Fue Santiago el que destrabó todo”, dicen desde los Estados Unidos, como si hablaran del Brujo Manuel en el arco de Ecuador, con el hat trick de Messi, pasaporte para Rusia 2018. Milei concedió el balcón del 9 de Julio al asesor, con abrazo y saludos al público.
Un balcón para la Selección
El súmmum libertario sería un balcón con la Scaloneta. Con la remontada de tres goles en los últimos once minutos, la Selección ganó la copa de la resiliencia. Nada empatiza más con la sociedad argentina. Como dice la exquisita Amy Hempel en La cosecha: «Pero no llegaré a esa parte hasta dentro de un par de párrafos».
Alberto Fernández suplicó de rodillas en 2022 por ver la Selección en el balcón de la Casa Rosada. Ni siquiera tenía interlocutor. Hasta enloqueció con mensajes y llamadas a Titi Fernández para intentar una gestión ante los jugadores.
Era el Presidente que había encerrado a los argentinos en la cuarentena más larga. De la que surgió desde los sets de televisión el outsider Milei. Al grito de libre soy, anticipaba una aventura congelada. La clase media que, con la inflación, tarjeteaba en cuotas la inflación, chocó con el iceberg de los intereses y quedó freezada.
A 5 años de la Copa América en el Maracaná, Scaloni recordó en la previa de los cuartos: “Fue de una emotividad enorme por todo lo que pasó con el COVID. Algunos fueron papás y no pudieron ver a su familia”. La arenga de Messi de entonces es la oda a la humildad del único, un preámbulo de la constitución de la vida: “Quiero darles las gracias, muchachos… Quiero darles las gracias por estos 45 días. Se los dije el día de mi cumpleaños, se armó un grupo espectacular, un grupo hermoso, y lo disfruté muchísimo. Fueron 45 días en que no nos quejamos de un viaje, de la comida, de los hoteles, de las canchas… 45 días sin ver a nuestra familia, muchachos. El Dibu fue papá y no pudo ver a la hija todavía, no la pudo alzar a upa”.
No es que empatizan, sufren como todos nosotros. Son millonarios, pero en lugar de perfumes caros en la valija del Mundial llevan caramelos, agua bendita, palo santo y el Magiclick.
Los 5 millones de argentinos que en 2022 salieron a las calles de Buenos Aires a recibir a la Selección campeona del mundo también venían de otra movilización.
Por la cruel y temprana muerte de otro ídolo entre los ídolos, Diego Maradona. Habían pasado de los trapos de lavanda, a los de lavandina por el COVID, a los de la celeste y blanca. Fue más que el amor por los colores, por la camiseta. El amor a nosotros. La Selección que queríamos ser porque nos volvimos a ilusionar.
El fútbol para los argentinos es inmensamente más que un deporte. Es la pelota y el potrero. Flamea en el olimpo del arte: conmueve, transforma, une. Y la Selección es La Belleza, como en la canción de Aute: “El espejismo de intentar ser uno mismo y la certeza de encontrar en tu mirada la belleza”. Y las lágrimas de los dos Lionel. A la par.
El psicoanálisis tiene una explicación. Cuando Argentina salió campeona, nos abrazamos y lloramos con desconocidos porque compartíamos a Messi y a la Selección como un mismo “ideal del yo”. Freud, en Psicología de las masas, llama a este fenómeno identificación. Millones de personas de golpe sienten y actúan como si fueran una sola cosa.

Justicia divina y alquimia para Leo. Pero también para Maradona. Porque la locura de Bangladesh empezó antes y siguió con Messi. Fue en el 94 cuando le cortaron las piernas al Diego. En El Fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano sitúa: “Hubo estupor y escándalo. Y no sólo en su dolorida y atónita Argentina, sino en lugares tan lejanos como Bangladesh, donde una manifestación numerosa rugió en las calles repudiando a la FIFA y exigiendo el retorno del expulsado”.
Sin grietas, en Qatar hubo integración, reconciliación. Cerrar el círculo. Las figuras de Maradona y Messi salieron de la trampa de las comparaciones, de las garras de los odiadores y de los aludadores. Freud decía “uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”. Diego desarmando a Maradona.
Al final, hay quienes pagan con el cuerpo y dan el ejemplo sin pretender serlo. Maradona y un mensaje clarito, como el de un padre a un hijo: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”. Y en su final no pudo escaparle a la repetición, en una quinta en Tigre con un baño improvisado, como sacado de los comienzos en Villa Fiorito.
Desde el vestuario y después de la épica remontada con manteada para Leo, la Selección juramentó en canción: “32 años después, la Scaloneta va a vengar la Copa que le robaron al Diez. La que no nos dejaron levantar”. En estos días, en los tribunales de San Isidro, trascienden las infaustas últimas horas de Maradona. A los ídolos, a los que hicieron estallar de felicidad a un país, hay que cuidarlos. Eso también enseñó con su muerte el Cebollita.
Más de 30 años de historia y la Argentina que sale todos los días a la cancha busca encarnar uno de los relatos de Galeano, en Espejos, sobre Pelé, pero acá, más allá de los resultados, sería Messi. Cuenta algo así… La final de un campeonato británico estaba empatada y a un equipo se le lesiona un jugador. Sin más cambios disponibles, se quedaban con diez y la derrota era inminente. El médico logra reanimar al jugador desmayado, pero le advierte al DT: “Despertó, pero tiene amnesia, no sabe quién es”. El técnico se le acerca al oído y finge: “Vos sos Messi”. Volvió a la cancha y ganaron cinco a cero.



