Donald Trump celebró en la cumbre de la OTAN en La Haya el compromiso de los países miembros de elevar su gasto en defensa al 5 % del PIB. El acuerdo, inspirado en su presión constante, busca reforzar la seguridad colectiva con un 3,5 % en defensa pura y un 1,5 % extra en infraestructura y tecnología. ¿Es un hito histórico o una fuente de tensión?
En la cumbre de La Haya, la OTAN aprobó un histórico aumento del gasto militar al 5 % del PIB de cada país para 2035. Donald Trump celebró el logro como una victoria personal y una muestra de equidad en el reparto de cargos entre aliados. El acuerdo incluye una revisión intermedia en 2029 y contempla inversión también en ciberseguridad e infraestructura.
Donald Trump se mostró entusiasta al anunciar que la OTAN aceptó su demanda de incrementar el gasto en defensa al 5 % del PIB.
En La Haya, la cumbre de la OTAN marcó un momento clave: los países aliados acordaron elevar su inversión en defensa al 5 % del PIB antes de 2035. El reparto será de un 3,5 % destinado a defensa pura (tropas, armas, equipo) y 1,5 % extra para áreas estratégicas como ciberseguridad, logística, innovación e infraestructura militar. Además, se estableció una revisión intermedia para 2029, que evaluará el grado de avance.
Un hito impulsado por Trump: OTAN eleva gasto militar
El acuerdo representa un enorme salto desde el histórico objetivo del 2 % establecido en 2014. La presión en favor de este cambio vino directamente de Donald Trump, quien desde su regreso a la presidencia impulsó la iniciativa durante meses. En el acto, Trump celebró este compromiso como una “gran victoria para todos” y reafirmó su respaldo al Artículo 5 del Tratado: la defensa colectiva sigue siendo clave, aunque condiciona su apoyo al cumplimiento del nuevo objetivo.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó a Trump y destacó que sin su liderazgo no se hubiera logrado este avance. El neerlandés calificó la medida como un «salto cuántico» para la alianza y enfatizó la unidad mostrada a pesar de la resistencia de algunos países.
España se posicionó al margen, apostando por mantener su inversión en torno al 2,1 % del PIB y solicitar una cláusula de flexibilidad. Eso generó tensiones diplomáticas: aliados como Bélgica e Italia reclamaron coherencia y expresaron que no debían concederse excepciones. La revisión de 2029 será clave para definir si se puede mantener o flexibilizar el esquema. El presidente estadounidense también aprovechó para atacar políticamente a su predecesor, acusando a la administración anterior de haber “muerto en ese tema”.
Además del gasto militar tradicional, hay foco en inversión en infraestructura dual, defensa cibernética y tecnología aplicada. Eso muestra que la OTAN no solo refuerza fuerzas armadas, sino que busca modernizarse ante amenazas híbridas y de nueva generación. El acuerdo ubica a EE.UU. en una posición más fuerte para exigir compromiso real —y gastos tangibles— a sus aliados.
El desafío de Europa será ajustar presupuestos sin dañar resiliencia económica. Pero el mensaje es claro: la responsabilidad del resguardo común debe ser compartida y al nivel acordado. Trump lo celebró, Rutte lo ratificó, y la OTAN definió un nuevo estándar.



